Nacimiento de un papá, una mamá y Candela

Nacimiento de un papá, una mamá y Candela

Tardé mucho tiempo en escribir mi parto. Tardé mucho tiempo más en pasarlo a limpio para publicarlo. Animada por la experiencia de mi amiga Paula y su tercera hija en casa, lo paso a limpio y lo publico como un regalo, a mi hija, a mi compa, a mi doula, a mis matronas de Génesis , a las mamás  y acompañantes  que se atreven a parir como sus entrañas sienten… Lo publico como devolviendo el favor que siento que me hizo la Vida al animarme a tomar la decisión de salirme de lo establecido para entrar en la divina locura que es seguir a tu útero y corazón.  

 

Madrid, 8 de Junio de 2011

Empecé a sentir dolor de regla, primero, de vez en cuando, y constante después. Fui a Génesis como cada martes y se lo comenté a Cris, la cual me miró con cara de “pillina” y cómplice y me dijo la famosa frase de todas las matronas de Génesis: “puede que empiece el parto ya, o puedes tirarte así unos cuantos días”. A sí que opté por hacerme a la idea de que podría estar así días (mejor pensar eso y no estar tanto a la espera).

Dormí y al día siguiente me levanté con dolores de regla cada un rato (nunca miré el reloj, así que no sé cada cuánto tiempo eran las contracciones), pero preferí no darle importancia, aunque en lo más profundo de mi ser  sabía que el parto estaba cerca…

Llamé a mi Amiga y Doula Paula para charlar un rato y contarle lo que me pasaba. Ella muy ilusionada pero a la vez contenida me insinuó que podría estar de parto y que por si acaso, iba preparando su maleta (ya que iba a seguir acompañándonos a mi compa y a mí en este proceso tan importante). Y recuerdo que le dije: “si esto ha empezado ya, no es lo que me pensaba, necesito acción, sensaciones fuertes…” ( ilusa de mí, verdaderamente había comenzado ya la que iba a ser  la experiencia más potente de toda mi vida).

Colgué y me fui a comprar fresas para hacer una estupenda mermelada (que a duras penas logré terminar entre contracción y contracción, a la que llamamos “mermelada de parto” y que además  ¡estaba espectacular!).  En la cola del “paki” ya me pegó la primera contracción fuerte, pasó y me fui a casa (yo seguía con la idea de estar así días…). Empecé a hacer la mermelada y cada varios minutos necesitaba irme a la cama, a ponerme a cuatro patas y dejar que la contracción pasara por mi cuerpo ayudándome de movimientos de cadera.

Por fin terminé la mermelada, la emboté y me dispuse a meterme en mi habitación con la música que había preparado, la pelota de pilates y el teléfono. Llamé a Jero, me preguntó si quería que viniera y la dije que no hacía falta aún. Quedamos en hablar después. Llamé a mi compa, que estaba currando y también quedamos en hablar después. Me puse la música y me entró una emoción tan grande al ver que ya iba a llegar el momento tan largamente esperado, que comencé a llorar, mientras poco a poco me transformaba…pasaba de ser  humana a animal.

Las contracciones pasaban por mi cuerpo y cada vez eran más intensas. Última llamada a Unai, mi compa, para decirle que viniera y último contacto con la realidad hasta el expulsivo. Sara racional había cumplido, dejaba los temas logísticos en manos de mi chico, en el que confiaba plenamente, mientras me daba luz verde para dejarme ir, fluyendo, al “planeta parto”.

Tengo recuerdos borrosos, sé que usé la pelota, sé que me ponía a cuatro patas y movía fuertemente mi cadera de arriba abajo, haciendo círculos, a la vez que necesitaba respirar más fuerte mientras que pasaba la contracción, y que entre una y otra, me tumbaba para relajarme profundamente, incluso me parecía como si me durmiera lo que duraba el descanso (¿dos o tres minutos?  ). La importancia de descansar entre contracción y contracción se quedó grabada en mi mente en el curso de preparación al parto.

Recuerdo dos contracciones que pasaron por mi cuerpo y en las cuales, ni me moví. Me encontraba descansando, acurrucadita, sola en la cama, y pasaron sin dolor, así que no necesité ponerme a cuatro patas y mover la cadera, simplemente respiré más profundamente y ya.

A veces hablaba a Unai, le pedía que estuviera conmigo, otras me encontraba súper agusto estando sola y así pasaron las horas hasta que en una contracción me apetece un montón empujar. Así se lo verbalicé a Unai y decidió que era el momento de avisar a Pepa.

En un momento dado, abro los ojos, y la veo. Se acerca a mí y con todo el amor del mundo, me hace un tacto, no sin antes consultármelo. La miro a los ojos y la digo que como me diga que estoy sólo de cuatro o cinco centímetros, me da algo. Y Pepa me dice muy contenta que está hecho, ya que estoy de nueve centímetros. ¡Me sale levantarme y plantarla un beso de alegría!

Me viene la Gran Contracción, mediante un alarido que proviene de lo más profundo de mis entrañas, siento cómo mi cuerpo se abre y se parte en dos. Siento como si se explotase un globo de agua en mi útero y rompo aguas. Noto el líquido escurrirse entre mis piernas y la alegría de mis acompañantes, pero, en ese momento no sé por qué, no siento alegría, siento como si la cosa no fuera conmigo, mi bebé está empujando con su cabecita y no me termino de creer que vaya a ser mamá.

Lo siguiente que recuerdo es angustia, bajo del “planeta parto” a mi piso en Madrid.  Pienso en que me siento bloqueada, pienso, pienso… maldita mente que juega malas pasadas. Pienso en que no quiero parir en un hospital, pienso en que no sé si voy a ser una “buena madre”, pienso en que no me creo lo que en unas horas va a cambiar mi vida. Más angustia, más miedo. La cabeza de Candela asoma pero se queda ahí. Pasan las horas y aunque empujo con todas mis fuerzas en cada contracción, mi niña no baja más.

Candela está perfecta, Pepa escucha sus latidos y dice que ella está bien, que soy yo la que tengo que decidir si seguimos en casa o vamos al hospital, porque llevamos mucho tiempo y la cosa no avanza.

Finalmente decido ir al hospital y aquí empieza una nueva hazaña que contar. Noche oscura, cristales del coche empañados, yo “despatarrada” en el asiento de atrás queriéndome morir-en sentido figurado-con cada contracción,  perdidos por los descampados que rodean el Infanta Leonor.  Paula, atrás conmigo acariciándome y cantándome, lo cual me relaja un montón.

Por fin llegamos. En el control de admisión me pega una contracción que me hace ponerme de cuclillas, mientras me agarro a Pepa. Recuerdo a la gente de la sala de espera mirándome sin pestañear.

Me siento (como puedo porque la cabeza de Candela está ahí) en una silla de ruedas y tiramos para adentro. Pepa conduce. Por fin llegamos a un paritorio. Mientras me “visto” de hospital, aparece Pepa vestida también de hospital, lo cual me indica que va a estar con nosotros. No tengo palabras para expresar mi profundo agradecimiento.

Me tumbo en la camilla, boca arriba, y en cuatro pujos aparece Candela. ¡Por fin!

Venía mirando hacia delante (explicación física de las cinco horas de expulsivo). Bloqueo mental de la mamá (explicación metafísica).

No hizo falta oxitocina  ni mucho menos  otros instrumentos a los que les tenía pánico…

La placenta… ¡Ay mi placenta! Que no sale, que estamos en un hospital y hay que seguir el protocolo, que llega un ginecólogo borde, que no mira a los ojos, que no se presenta, que me mete la mano por la vagina, que me arranca la placenta y me la saca como si me arrancara las entrañas, que se va, que no se despide.

Le pido a Pepa que me enseñe mi placenta, que quiero ver lo que nos unía a mi hija y a mí, lo que la protegía y filtraba todas las impurezas que yo ingería, lo que la alimentaba… y con pena en los ojos me dice que el médico la ha tirado a la basura y que se la han llevado. Siento vacío por esto, pero miro a Candela que ya me ha mirado y se ha enganchado ella sola a la teta, miro a mi compa, miro a Pepa, miro a Paula, que ya ha podido entrar y me siento feliz y satisfecha. Todo ha acabado, quince horas después, con un final feliz.

Siento que los cinco hemos formado un equipo maravilloso de amor y apoyo. Siento que acabo de vivir la experiencia más completa de mi vida, una experiencia que me cambia de mujer, a más mujer. Siento el poder que reside en todas las mujeres y en todos los hombres que acompañan de verdad, con su cuerpo y alma a todas las mujeres. Siento el poder del cerebro primitivo y de la Oxitocina, y siento felicidad.

Agradezco de corazón a las matronas de Génesis el fantástico trabajo que hacen.

Agradezco a Paula el fantástico acompañamiento que me brinda Siempre.

Agradezco a Unai su amor y apoyo Incondicional.

Y agradezco a Candela que haya elegido mi hogar y mi compañía para vivir.

Los comentarios están cerrados.