Libro «Pequeños pasos»

Una historia de nacimientos en el hogar y fuera de él, 
de crianza con apego, de lactancia, colecho, porteo y 
también de lágrimas derramadas en la travesía por el
desierto del duelo. Todo ello inmerso en la vertiginosa
aventura del homeschooling.

Llevo casi diez años escribiendo en este blog y desde el principio me ha gustado hablar sobre los libros que leíamos en familia, los que leían los niños, los que leía yo.
Hoy vengo a hablaros de otro libro, pero en este caso es el mío, o sea uno escrito por mi, por una servidora (qué vergüenzaaaaaaaa)
Uno de los propósitos que me hice para el año 2014 fue empezar a escribir un libro que fuese un poco la historia de nuestra vida desde que nos embarcamos en la aventura de ser padres. Los pequeños pasos que fuimos dando desde que tuvimos el primer test de embarazo en nuestras manos, pasos tímidos, de bebé, inseguros, que no sabíamos a dónde nos iban a llevar. A la vez una recopilación de este blog: la experiencia de tantos años dando a Luz, amamantando, criando niños y educándolos en casa.
Como soy muy disciplinada y tenaz (que no cabezota, ejem), el día 1 de enero del 2014 empecé a escribir y me propuse dedicarle quince minutos diarios pues más tiempo no podía sacar. Y como escribo mucho y rápido enseguida tenía un montón de páginas.
Me removía mucho, me moría de la añoranza de cuando mi mayor y los siguientes eran bebés, recordando una vez más, cada embarazo, cada parto, cada lactancia…Tanto, tanto, tanto me emocioné que a los tres meses estaba embarazada de nuevo ja,ja…Me reí un montón escribiendo el libro y también lloré de lo lindo. Creo que me ayudó a poner muchas cosas en su sitio.
Y entonces con las naúseas y el agobio del nuevo embarazo que ya os conté, fui dejándolo un poco apartado y tardé más de lo previsto en terminar.
Desde el principio le comenté mi proyecto a Maria, que me animó incondicionalmente desde antes de leer la primera página. Le fui pasando el manuscrito y me siguió animando a continuar y no solo eso. Me ayudó a corregirlo, una, dos, tres, doscientas veces…Y también hizo importantes aportaciones y comentarios. Llegó un momento en el que le cogí manía al libro. ¡¡¡De verdad!!! De hecho no se si alguna vez seré capaz de volver a leerlo.
Cuando era pequeña pensaba que de mayor me dedicaría a hacer manualidades y venderlas en mercadillos. Cuando fui mayor, ya casada y con dos niños, una amiga nos comentó la posibilidad de poner un puesto en un mercadillo de artesanía y allá que fuimos Carlos y yo con los peques, hasta que viendo lo difícil por no decir imposible que era sacar algo vendiendo artesanía, desistimos y yo pensé que la vida del artesano era muy difícil. Nunca más me ha dado envidia cuando voy a un mercadillo, sino todo lo contrario me dan ganas de comprarles todo lo que venden, pues se lo duro que es pasar un día entero y al final haber sacado 3 euros.
Pues lo mismo me ha pasado con esto de la escritura. En el blog escribes lo que quieres, como quieres y si hay una falta pues no pasa nada…pero esto de leer  una vez y corregir y resumir y volver a leer me ha parecido un rollo y me ha acercado a una realidad que desconocía. y que yo consideraba totalmente idílica.
Cuando ya era un escrito más o menos decente, lo entregué en una editorial muy conocida. Tardaron meses en darme una contestación, lo leyeron varias personas y según me iban diciendo a todas les gustaba mucho. Estaba  segura de que me lo iban a publicar pues todo apuntaba a eso, pero en una última reunión, decidieron que el homeschooling no era un tema que interesase a la mayoría de la gente y que mejor lo presentase en  una editorial de educación.
Me quedé chafada y me olvidé del tema, más que nada porque para publicar por «indi» necesitaba tiempo y eso es lo que menos tengo ahora mismo. Y lo de ir de editorial en editorial tampoco me apetecía.
Un día le comenté a Madalen y se ofreció para maquetarme el libro, para subirlo a createspace, para hacer todo un trabajazoooooo que yo no podría haber hecho quizá en la vida. Porque convertir un word caótico en un libro es un trabajo increíble. Nunca lo habría imaginado pero tiene mucho  mérito. Y además  en un tiempo récord.
Mientras Madalen estaba en esas, contacté con Victoria Peñafiel que es una fotógrafa que conocí casualmente por instagram y me encanta porque tiene la misma pasión que yo: los bebés recién nacidos. Ella no me conocía absolutamente de nada y un día me dio el punto y le pedí, así por todo el morro, que me dejase una fotografía de algún pie de recién nacido y me dijo que si y me mandó  una foto de su último bebé.

 

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